Crónica (friki) de una ciudad anunciada.

Y esa ciudad es Nueva York.

Donde Spiderman se columpia entre rascacielos y por ese puente de Brooklyn (el puente friki por excelencia); donde Daredevil nació y se crió, en el barrio –ya casi inexistente y con otro nombre– de Hell´s Kitchen; por donde patrullan los X-Men (and Women); donde la Primera Familia actúa apoyada por las masas… donde todo resulta familiar, más o menos conocido, por la cantidad de películas que la reflejan y por los libros, que la describen al milímetro.

empire

spiderman

Allá iba yo, con la intención de visitar unas tiendas y mirar la cantidad enorme de cosas que no iba a poder comprarme y, sobre todo, con la idea firme de visitar el lugar de donde han surgido todas esas maravillas: MARVEL.
Recorrida la mitad de la impresionante Quinta Avenida, llego al 417, un portal como tantos otros, donde nada deja ver que de allí salgan los héroes que nos atrapan; entro, con mi pinta de turista “europea”(?) y el portero, amablemente, me pide que me identifique, que firme y ¡me deja subir sin más problemas!

Llego al piso, se abre el ascensor y contemplo un cuadro con todos los Superhéroes, con sus mejores galas, que parece que me observan. A su alrededor, bocetos y originales, llenan las paredes. Entro, con cara asombrada, de fan rendida y me topo de frente con una recepcionista, muy ocupada y que me mira, pero no me ve: está hablando por teléfono. Esperando a que termine, sigo mirando, babeando casi, por todas partes. Termina de hablar y me ve. Nos saludamos y le pregunto si se puede visitar el resto. Responde con un escueto NO que me vuelve a hacer invisible. Le comento que abajo me han dicho que, a veces, se permitía, y, como quien está saturada de salvar vidas, vuelve a decir que NO. Tajante. Rotundo. Inapelable.

not so MARVEL ous

Apenas esbozo un bye-bye, que sé de antemano que no va a tener respuesta, y vuelvo al ascensor, donde los héroes me despiden con la vista cansada: han debido verlo alguna que otra vez más.
Abajo, el portero recoge mis pedazos y me anima diciéndome que los jueves, justo a la vuelta, en la 6ª con la calle 38, abren la “store” con productos para vender.

Llega el jueves. Tengo el tiempo justo para pasarme por “la MARVEL store” antes de coger el avión. Abren a las 15:30. ¡Ya! Salgo del ascensor y me recibe el mismo cuadro que la otra vez, pero la pared está desconchada: SÉ que NO va a salir bien. Es un pasillo, con otra sala pequeña y abarrotada, con cosas por todas partes, apiladas de mala manera o directamente dejadas en el suelo, con el merchandising sobrante de las pelis de Spiderman… ¡para niños!
Allí estábamos: cuatro madres dispuestas a equipar a sus churumbeles neoyorkinos para la vuelta al cole, cuatro tipos medio frikis, aprovechando el descanso del trabajo y yo… que se me soltó la risa floja y no podía parar de reír: llorar no hubiese sido aceptable.

Menos mal que siempre me quedará la friki estampa del poli que se baja del coche-patrulla y entra, a mi lado, en la tiendita de cómics, para hacer su comprita mensual.

MARVEL store

Mar