Aventura en El Manglar

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Parece que tras la crisis que llevó al cierre de toda una generación de revistas de cómics como Cairo, Zona84, Cimoc, Comix Internacional, Creepy, Totem o El Víbora, es el momento de que una nueva hornada de revistas nos ofrezca la oportunidad no sólo de conocer lo más granado del panorama internacional, sino de servir de banco de pruebas y de salida para el trabajo de muchos autores españoles noveles y no tan noveles. Ahí están HUMO, Buen Provecho, Nosotros Somos Los Muertos, 2 Veces Breve, la novísima Tangaroa o la inminente BdBanda. A todas ellas hay que sumar el nuevo esfuerzo editorial de Dibbuks, El Manglar, con una filosofía diferente a la de las anteriormente citadas por varias razones. Es una revista-revista, es decir, está grapada, pretende tener una distribución generalista, para lo cual se distribuye en kioscos (¡sí, en kioscos!), se nutre de historias cortas pero también de series (con capítulos autoconclusivos), tiene un precio competitivo, y hay un equilibrio entre autores nacionales y extranjeros. La editorial está haciendo ahora mismo un esfuerzo por promocionar el primer número, con la programación de presentaciones en distintos lugares de la geografía española, y aprovechando que pasaban por Madrid, hicimos acto de presencia, así que si os parece, vamos a darle un repaso a la revista y después comentamos brevemente lo que dió de sí la presentación.



Video con las pruebas de impresión de El Manglar, de Manuel Bartual


Lo primero que llama la atención en El Manglar es el tamaño, similar al de un álbum europeo, ideado expresamente para evitar que se pierda entre el resto de revistas del kiosco. Aunque es cierto que en muchas de las páginas interiores sobra espacio en blanco, se agradece el gran formato en la era de las Bibliotecas Marvel, que le da una mayor presencia y deja «respirar» a las páginas de historieta. El diseñador de la revista, Manuel Bartual, ha optado por un diseño austero pero con suficientes señas de identidad como para dotar de personalidad propia a la revista, desde el sumario hasta la tipografía empleada, pasando por la portada donde la ilustración luce limpia de texto. Además El Manglar cuenta con mascota propia, una deliciosa salvaje llamada Anima Mundi creada por José Luis Ágreda, otro detalle diferenciador muy interesante. Unas pocas páginas de publicidad (sobre cómic), un editorial-sumario de lujo, una extensa entrevista a Manel Fontdevila, otra más corta a Juanjo Sáez, una página sobre ilustración, en este caso dedicada a Pablo Auladell, una sección de crítica de cómics a cargo de nombres tan importantes como Óscar Palmer y Álvaro Pons entre otros, y una sección escrita por el polivalente Borja Crespo en la que se trata la interrelación del cómic con otros medios de expresión y artísticos. Y el resto, cómics, que se reparten casi a partes iguales entre autores nacionales y extranjeros, y en los que, salvo en la historia de Frederik Peeters, todas las páginas son a color. Las historias oscilan entre la media página y las 10 páginas, y los resultados, como suele ocurrir en las revistas, son desiguales. Sin duda el gran descubrimiento en este primer número de El Manglar es la historia de Emile Bravo, la más larga, cuya lectura justifica por sí sola la compra del número. Manel Fondevila, Mauro Entrialgo y José Luis Ágreda firman también historias interesantes y Carlos Vermut demuestra que es autor como la copa de un pino y que no hay que perderlo de vista (su El banyán rojo ya nos gustó mucho). El relato de Frederik Peeters no me ha acabado de convencer, pero desde luego cada una de sus pinceladas vale su peso en oro. El resto de autores, entre los que se encuentra el reputado Manu Larcenet, no pasan de correctos. En definitiva, el balance calidad/precio es más que aceptable, suficiente como para esperar con ansia los dos meses que faltan para que aparezca el segundo número.

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Carlos Vermut (autor), Ricardo Esteban (editor), Borja Crespo (colaborador) y Manuel Bartual (diseñador)


Si algo transmitió durante la presentación de El Manglar Ricardo Esteban, editor y director de la revista, fue sin duda su amor por el proyecto. Afirmó que a pesar de que todo el mundo le había recomendado no aventurarse a editar una revista de cómic, su cabezonería y su deseo de recuperar la revista como escaparate de autores fueron mayores que la prudencia, y que la idea rondaba su cabeza desde que fundase Dibbuks hace dos años. Al fin el proyecto se ha materializado y pasará un período de prueba de un año (6 números) en los que las cifras de ventas decidirán el futuro de El Manglar. La idea también es salir un poco del circuito endogámico de las tiendas especializadas y llegar a otro público, y para ello se han distribuído 4.000 ejemplares en kioscos de Madrid y Barcelona, quedando otros 2.500 ejemplares para servir a librerías y suscriptores. En principio la política editorial será la que ya marca este primer número: equilibrio entre autores españoles y extranjeros (provinientes del mercado franco-belga) e historias autoconclusivas aunque se enmarquen dentro de una serie, para dotar de cierta continuidad a la revista. Esteban comentó que le habría gustado incluir alguna historia con continuará que enganchase aún más al lector, pero que la periodicidad lo hacía poco viable. Otro de los elementos que se repetirá en los siguientes números es la realización de la portada por el autor entrevistado en las páginas centrales, que en el número 2 será Javier Olivares.

La selección de autores irá variando, pero para el siguiente número de la revista, Esteban ya ha confirmado que habrá una nueva historia de Carlos Vermut, José Luis Ágreda dibujará una historia con la mascota, Anima Mundi, como protagonista, y Bernardo Vergara se marcará un western. Creo recordar que también mencionó que aparecería de nuevo Frederik Peeters, pero si alguien ha acudido a alguna de las presentaciones, agradecería que lo confirmase. El editor comentó que les había sorprendido la muy buena acogida que había recibido la historia de Emile Bravo, miembro importante de la editorial francesa L’Association, y que estaban tratando de contratar más historias del autor. Y la verdad, descubrimientos como este son una de las cosas que dan sentido a las revistas de cómic, así que… ¡larga vida a El Manglar!


el tio berni