¡Corre, Bon-Gu! (Byun Byung-Jun)

Portada
¡Corre, Bon-Gu! (Byun Byung-Jun) La Cúpula. 2006. Rústica. 116 págs. Color. 18,00 €


La portada de este tebeo que tengo entre mis manos es preciosa y, desde luego, el dibujo llama la atención, así como la delicadeza en el uso del color. Todo ello, y por supuesto, el título y el nombre del autor, nos dejan ver que viene de tierras lejanas, pero al mismo tiempo nos informa que no es un manga japonés: es un manhwa (o manwa) tebeo de origen coreano, mercado que se va abriendo cada vez con más fuerza en el mundo éste de los cómics. Mucho de mérito tienen esfuerzos como el que en este caso ha realizado Ediciones La Cúpula, que nos presenta un tomo muy cuidado y fantásticamente editado, cuyas únicas pegas son un error tipográfico en la página 60 y un precio muy alto… aunque no es mi deseo entrar en este debate que sigue abierto ya en varios frentes.

Del autor, Byun Byung- Jun (del que nos explican que se pronuncia Byôn Byông-Jun ¿?) nos dicen que es una joven promesa del manhwa y que ya ha ganado varios premios en su Corea natal y fuera de sus fronteras, como el Japón y del que podemos saciar nuestra curiosidad consultando la biografía que nos proporciona La Cúpula o su propia web.

La historia de ¡Corre, Bon-Gu! es tan sencilla como profunda. Una madre y su hijo pequeño, que da nombre al tomo, viajan desde la localidad en que viven hasta Seúl para buscar al marido/padre del que no tienen noticias desde que él se marchó en buscar de fortuna para mejorar su vida en su región. Allí, se encuentran con la impersonalidad de la gran ciudad, representada por un mendigo que pide en el metro y que va a terminar jugando un importantísimo papel en el desarrollo y el final de la historia, junto con su pequeña nietecita. Toda la trama se deja leer con fluidez y naturalidad, como mecida por una tristeza, que lo impregna desde el principio, con un poso de emociones contenidas: es algo que sucede en el otro lado del mundo, pero que podría tener lugar en cualquiera de nuestras ciudades, aunque al mismo tiempo, contiene por todos lados esa especial sensibilidad, de ese tempo al contar las cosas que les atribuimos a los orientales, mezclando a intervalos flashbacks que nos ponen en antecedentes sobre lo que está ocurriendo en cada momento, destacados en un riguroso blanco y negro, así como el comienzo de la historia…

Interior


…y en un momento, en mitad de una plaza, comienza el color, en forma de acuarela en la mayor parte. El mundo circundante, la cuidad, inhóspita, aparece en colores fríos, envolviéndolo todo y a todos. Y ellos, los personajes, sobre todo la madre, su hijo y la nieta, relucen con colores cálidos y más vivos, llamativos; no así el abuelo, por ejemplo, que parece ser absorbido por la cuidad y su gris plomizo circundante.
Los fondos están cuidadosamente documentados, basados en fotografías que al autor le gusta hacer antes de ponerse a trabajar: nada queda al azar y tiene un motivo para aparecer y estar allí en ese preciso instante además del gusto por dibujarlos, por lo que nos encontramos con ilustraciones extras que rodean toda la historia, como presentación y epílogo. También le gusta recrearse en las expresiones de los personajes que pueblan la narración, dedicándose especialmente con los ojos de la madre y la boca del hijo. Me llama la atención igualmente cómo a través del lenguaje corporal somos distintos en nuestro modos y maneras de enfrentarnos a las situaciones: estas personas están casi siempre con los brazos a lo largo del cuerpo, con la cabeza algo inclinada, sin apenas contacto físico, dejando un amplio espacio “vital” entre cada uno de ellos, incluso entre la madre y su hijo y por supuesto, entre la madre y el abuelo, con momentos de especial ternura, dibujados maravillosamente, con lo que intuimos son ligeros y sutiles roces… y con escenas de rabia, que deja de ser contenida para transformarse en una pequeña patada o un forcejeo que apenas si llega a poner ser llamado así.
Otra curiosidad, o al menos así me lo parece a mí, es que, a veces, las viñetas quedan como descuidadamente sin perfilar en su borde inferior, lo que transmite una sensación de que el tiempo se detiene, que esperamos un segundo a que suceda lo siguiente, para hacer que la tensión del momento perdure un poco más hasta que en la siguiente viñeta encontremos la respuesta que esperábamos o la que nos propone el autor, que nos lleva por su camino con mucha suavidad, pero sin dejar que nos apartemos del camino que ha trazado cuidadosamente.

Por todo ello, si tienen tiempo, ganas y dinero (o una buena Comicteca en su Biblioteca más cercana, en la que, no o olviden pueden hacer desideratas para pedir cualquier libro que deseen leer, echándole paciencia, eso sí) acérquense a este manhwa ¡Corre, Bon-Gu! y a su autor, Byun Byung-Jun, que han llegado para quedarse y hacerse un hueco en nuestras lecturas.


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Bueno, este es el nivel medio que habría que pedir a cualquier tebeo


Mar