Infantilismo visual

Los recién llegados tienen que enfrentarse, pues, a un panorama con el que convivirán mientras resistan su vocación y su entusiasmo, y en el que la tendencia hegemónica parece constituirla eso que se ha dado en llamar novela gráfica. Ni el término es nuevo, porque así se adjetivaron hace mucho algunas ediciones para masas que querían singularizarse ante los ojos de sus destinatarios u otras que simplemente indicaban con dicho reclamo que se podían llevar en el bolsillo de la chaqueta. La mala conciencia que ancestralmente han padecido algunos autores y unos cuantos consumidores hace que la denominación, sin embargo, vaya calando y que sea el continente, más que el contenido, lo que pueda acabar renombrando a esta vieja disciplina. Hoy por hoy, lo que a menudo constatamos es que muchas de esas obras parecen acercarse más a la novela mientras se alejan de la importancia de lo gráfico, y que en algunas se estira el tiempo narrativo gratuitamente para superar las 100 o 200 páginas, en tanto un mal distintivo de la época, el infantilismo visual, campa a sus anchas disculpado, se supone, por la gravedad del asunto abordado –las dificultades del Yo en un marco geográfico exótico para nuestros menguados baremos culturales, con harta frecuencia–.

Felipe Hernández Cava firma el artículo Bienvenidos al reino de la novela gráfica en El Cultural.

[Vía: Filocomic]