Ombligo sin fondo (Dash Shaw)

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Ombligo sin fondo (Dash Shaw). Apa-Apa Cómics, 2009. 720 págs. Monocromo (marrón sobre blanco). 27 €. Disponible en dos portadas diferentes.


A estas alturas de la película, no voy a ser yo quien descubra la pólvora. Mucho se ha hablado de este Ombligo sin fondo desde que se editó el año pasado en origen y mucho más se oye hablar de este tomo de volumen considerable desde que vio la luz en español de manos de Apa-Apa Cómics. Se me ocurre que cada temporada surge algún bombazo dentro de este mundillo comiquero y en esta primavera, Ombligo sin fondo está ocupando un lugar muy destacado. Y así lo vieron y reseñaron, hace tiempo ya, personas mucho más duchas que yo en esto de plasmar las impresiones tras una lectura y como ejemplo valgan dos botones altamente recomendables: la crítica de Álvaro Pons, que nos ponía la miel en los labios con la edición americana, justo antes de su lanzamiento por la editorial catalana; y, barriendo para casa, de la biografía del autor, de la historia y los dibujos, Dash Shaw, de quien nos daba puntual información un entrecomiquero de pro, de donde he capturado las imágenes que ilustran esta divagación, donde llego yo, aún digiriendo lo que acabo de leer, para intentar decirles lo mucho que me ha gustado y el por qué.

Una faceta recóndita de mi ser se complace en leer estos cómics que relatan los entresijos de una familia, los avatares habituales de una persona o de un pequeño grupo coral: puede sonar perverso, tal y como queda así expresado, pero no me negarán que también tiene su parte de perversidad diseccionar las actuaciones de cada cual y dejarlas expuestas al mundo, llegando hasta sus más oscuros deseos y secretos, o precisamente justo esos, a la vista de los lectores con algo de portera científica en sus corazoncitos.

Dash Shaw nos propone algo en teoría sencillo y que, por supuesto, no lo es: una reunión familiar, en la casa de la playa, en torno a los padres ya convertidos en abuelos, quienes desean informar a sus hijos adultos que, tras cuarenta años de matrimonio, han dejado de estar enamorados y que se van a divorciar. A partir de este singular anuncio, los tres hijos van reaccionando de formas muy diferentes conforme a sus caracteres, viendo cómo esta noticia les afecta a lo largo de esta estancia en la casa, sede de su anterior vida en familia, y también el modo en que repercute en su relación con los otros.

Nada es simple ni tiene el rasgo de normalidad cuando penetramos en el ombligo, en el centro mismo de las relaciones intrafamiliares, ya de por sí complejas: los vínculos y los roles establecidos forman un entramado de sentimientos que conforman a los personajes para que actúen de un modo previsible para el resto; cada cual tiene una etiqueta con la que moverse dentro de ese micromundo y de la que tal vez les gustaría desprenderse, pero que, al tiempo, les proporciona comodidad y estabilidad en los lugares comunes: se sabe cómo comportarse y cambiar justo ahora que se ha anunciado un gran cambio podría ser contraproducente para el equilibrio interior, personal y familiar, que puede ser precario, pero al menos es conocido y seguro. Así que se sigue adelante como se puede, a falta coraje para intentar una alternativa más arriesgada, con la vida elegida o impuesta, con cierto momento de desmelene, pero sin perder el autocontrol que rige sus vidas y sus vínculos con los demás.

Para acotar aún más los límites en que se ven encorsetados, los personajes han vuelto al lugar físico común de su infancia, la casa de la playa, de su vida y desarrollo como familia, que resulta tan acogedora y molesta como la arena que parece impregnar todos y cada uno de los momentos que están viviendo, colándose por las rendijas más insospechadas, meciéndoles (meciéndonos) al compás de las olas del mar o raspándoles la piel aún allí donde ya creían que no tendrían la sensación de la sensibilidad tan expuesta.

Interior


Y así juega el autor con la historia y con el dibujo, como si fueran arena de la playa, con la que hacer castillos en apariencia inexpugnables que la nueva marea por venir destruirá sin remedio, sin piedad y sin esfuerzo. Con dibujo de trazo sencillo nos sumerge, en planos, expresiones, texturas y sonidos que nos llevan, hoja tras hoja, a un universo complejo, formado a su vez, de universos personales y únicos, con sus propias leyes de complejidad.

Aconseja Dash Shaw que este tomo se lea con calma, descansando entre las tres partes diferenciadas que lo componen: yo no sé cuál será su caso si aún no lo han tenido el placer de leerlo o cuál fue, si ya lo han disfrutado. Yo sólo sé que no he podido dejarlo: simplemente he descansado de su peso, he tomado aire y he vuelto a enfrascarme en su lectura magnética, intrigante e intrigadora, distante y cercana, que hace que los ojos vuelen sobre las páginas, deseando saber qué va a ocurrir a continuación y, al mismo tiempo, queriendo deleitarse en los pequeños detalles, como granitos de arena que se quedan pegados, incrustados en los pliegues de la piel y de los que está plagado este Ombligo sin fondo.