¿Qué demonios es el cómic?



La secuencia de imágenes NO creo que pueda ser un elemento definidor del cómic y no lo es sencillamente porque es un recurso formal que comparte con otras formas artísticas que ya lo usaron muchos siglos ANTES que los historietistas del XIX y el XX.

(…) Las Cantigas de Santa María son códices, o sea, libros manuscritos pintados de los que se conservan cuatro ejemplares –cada uno único, puesto que se copiaban manualmente– y creo que se llegaron a hacer pocos más. Las Cantigas, ni por su materialidad, su realización, su concepción o su intención tienen nada que ver con lo que conocemos y entendemos como cómic o historieta en el mundo moderno, o sea, la forma artística impresa, reproducida técnicamente, que se desarrolla desde finales del XVIII-comienzos del XIX hacia acá, aproximadamente.

(…) A mi juicio las Cantigas de Santa María no es un cómic ni nunca lo fue. Es como decir que la vidriera de una catedral también es un cómic porque cuenta una historia en imágenes. Como decía al comienzo, creo que estaría bien olvidarse un poco de la dichosa «secuencia», a pesar de la insistencia de Scott McCloud y otros teóricos en ella. Porque la secuencia de imágenes, aunque el cómic la utilice, NO es algo exclusivo del cómic ni lo inventa el cómic, está desde muchísimo antes en otras formas artísticas.

Pepo Pérez.


Es totalmente cierto que el cómic moderno nace con la industralización y con la mejora de las imprentas pero no es menos cierto que la narración con imágenes es tan antigua como la humanidad, una especie de «meme» a la espera de su eclosión. ¿Por qué no llamarlo paleo-cómic? Eso no invalida que sigan siendo cuadros, codices, etc., pero para lo que es un estudio serio del cómic se necesita estudiar e investigar su origen más allá de Töpffer. Los artes no son departamentos estancos como por tu comenterio pareces dar a entender.

(…) Lo de paleo-cómic es una herramienta para entender el desarrollo del medio previo a su nacimiento «industrial», soy de la opinión que nace mucho antes. Y sí, todo confluye en el cómic… si nos dedicamos a estudiar este medio, igual que todo confluye en el cine cuando usamos al cine como foco de nuestro estudio. Es la falsa discusión de los «pioneros» en arte, realmente no son pioneros porque no tenían en mente la creación de un nuevo medio, arte o lo que fuera, pero en cualquier historia de los orígenes del cine no pueden faltar los zoetropes y los estudios fotográficos del movimiento. Por eso en una historia seria de los orígenes del cómic no puede faltar el paleo-cómic, aunque este paleo-cómic sea la mismísima Capilla Sixtina.

(…) Para mi el gran acierto de McCloud es crear una definición que intentara delimitar lo máximo posible el concepto, para ti es su mayor error. Me da la sensación que para ti el cómic es algo inefable que se explica si mismo: «cómic es lo que es cómic». Al estilo de esas caducas definiciones de arte que decían que el arte es aquello que un experto califica como tal, o arte es aquello que está en un museo, hoy en día en una galería.

Fernando Fuentes.




El elemento industrial del proceso creativo de todo cómic es parte sustancial de su identidad, lo define y lo singulariza. Para empezar, porque en ese proceso se modifica el modo de crear cómic, la definición de original es muy diferente a la de una obra de arte tipo pintura donde una característica fundamental es que la obra de arte es una y material, tangible, fruto de la manipulación directa del artista y su equipo.

Un códice es un trabajo de pintura sobre un determinado soporte, es pintura (o varias pinturas, pues de hecho hay varias copias de un solo códice) pero manuales, su naturaleza depende directamente de la aplicación directa del artista sobre un único soporte, el pergamino. Y sí, emplea la secuencia, lo que nos puede servir para defender que la historieta participa de un modo de representación que es consustancial a la natura humana (somos cuentacuentos desde Altamira). Pero nada más.

Octavio Beares.


Entiendo que se defiende una definición institucional, sociológica e histórica, de la Historieta como fenómeno y creo que, por la deriva del debate, queda claro que la imprenta es un tema secundario respecto del problema de la modernidad política e industrial, ya que una tecnología concentra el sentido social e histórico de la época, una condición para su triunfo. Lo contrario sería caer en el fetichismo tecnológico contradicho por el de dato de que en la China feudal ya se empleaba con soltura la imprenta.

Este tipo de aproximación es insustancial ya que no aporta ningún elemento que diferencie a una Historieta de un libro de poesía (por poner un ejemplo de un producto que comparte su circuito comercial), y se debe recurrir finalmente a discriminar en base a motivos de contenido semiótico (la Historieta es una secuencia de imágenes o dibujos, etc.) y no de producción institucional. Podríamos considerarla entonces como una exigencia extra pero aquí nos encontramos con otro problema que es exactamente el que creo se me critica: el anacronismo. Las Cantigas no pueden ser Historieta porque no son de la época de la Historieta.

(…) Desde una perspectiva estrictamente sociológica, la emergencia de la Historieta como medio de comunicación social se vincula a menudo con la posibilidad da su reproductibilidad, sea mediante la imprenta o, aun posteriormente, la litografía. No obstante, de aplicarle este mismo razonamiento a la literatura expurgaríamos buena parte de su patrimonio: no se puede obviar que, además de un medio, la Historieta es un procedimiento formal.

De igual manera, tampoco deberíamos considerar al Cómic solo un procedimiento formal más allá de sus condiciones materiales para incluir en el todo tipo de soportes. En este sentido, propongo una condición restrictiva: para tener Historieta, esta debe de ser producida o reproducida en un medio transportable que permita su difusión geográfica. El procedimiento de narración visual típico de la Historieta se ha desarrollado en múltiples soportes: vidrieras, retablos, tapices, códices… a nosotros nos interesan estos últimos.

Breixo Harguindey.


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Esta es solo la punta del iceberg de un apasionante y apasionado debate con casi 100 sustanciosas aportaciones sobre la naturaleza semiótica y material del cómic, su origen, sus antecedentes, su definición y su función social.

Por cierto, la controversia surge a raíz de de esta exposición.