Carlos, Pepe, Víctor

Hace un par de fines de semana se celebro la primera edición de ESCOGE, unas jornadas dedicadas al cómic en Getafe organizadas por el compañero bloguero Angux y Siles, de Gotham Comics. Todos los actos programados se vieron recompensados con una buena respuesta por parte del público, desde las charlas a las firmas de los autores, y, por supuesto, el evento que se constituía como plato fuerte: el Ayuntamiento de Getafe concedería el nombre de cuatro de nuestros autores a cuatro calles de su municipio. Los autores homenajeados fueron Carlos Giménez, Purita Campos, Jan y Víctor de la Fuente, en cuyo nombre acudieron a la ceremonia su viuda Elena y una de sus hijas. En resumen, el acto estuvo muy bien medido en sus tiempos y resultó muy emotivo, y en el blog del ESCOGE podéis encontrar abundantes imágenes del acto. Tras la ceremonia, Radio Ritmo entrevistó en público a los autores, y queremos recuperar aquí un par de las cuestiones que posteriormente realizó el público.

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Mi pregunta es para el gran Carlos Giménez. Al hilo de las últimas ediciones integrales de Paracuellos y de Los Profesionales y tal, mi pregunta es si ya has dado por definitivamente cerradas esas series o nos piensas dar alguna sorpresa en el futuro.

Yo nunca doy por definitivamente cerrado nada, porque la experiencia me dice que cuando alguna vez he pensado que dejaba cerrado algo, he tenido que volver a abrirlo. De lo que me di cuenta es de la vida, ya tengo 70 años, cualquier día me va a cerrar ella a mí. No sé cuánto tiempo más podré seguir dibujando, no sé cuánto más podré seguir escribiendo, y no sé cuánto tiempo más podré seguir publicando, porque no veo editores a mi alrededor a los que poder dirigirme, a los que poder decirles “estoy haciendo esto”. Porque lo que me pueden pagar no me daría para comer. En este momento, los dibujantes muchas veces, y en el caso mío más concreto, estoy viviendo más de lo que hice, de reediciones como estas que has citado, mientras preparo cosas para hacerlas en el futuro que no sé si alguien las va a pagar, que no sé siquiera si alguien las va a querer publicar, que no sé, en caso de que las quiera publicar qué edición va a hacer… Es una incertidumbre total.

Como no sé tampoco cuánto tiempo me queda por vivir ni qué capacidad, porque igual mañana o pasado me da el telele y se acabó todo… Pero si no es así, en estos momentos tengo un proyecto que me entusiasma, que me apasiona. Quizá una de las mejores cosas que yo tengo es la capacidad de ilusionarme con los trabajos que hago. No importa la calidad del trabajo, me importa mucho la cantidad de ilusión que genera en mí. Algunas veces digo a los amigos, “mira, a la hora de escribir, entre Cervantes y yo no hay color, claro, gana Cervantes. Pero a la hora de sentir mientras escribimos, igualo a Cervantes”. Lo que yo pongo en mis modestos escritos, no creo que Cervantes sitiera más de lo que yo siento, ni que tuviera más pretensiones que las que yo tengo. Ahora quiero hablar de esto. Tengo un proyecto que es la vida de un dibujante, quiero hacer la biografía de José González. Nunca había hecho biografía. Aunque se dice que mis dibujos son autobiográficos, no es del todo cierto. Cuento cosas que algunas me han pasado, pero no pretendo contar autobiografía, pretendo contar cosas de las que he sido testigo. En este caso concreto, en el caso de la historieta que quiero abordar y que he empezado a abordar, sí es una biografía, la biografía de un dibujante, un dibujante español, que además su vida es muy peculiar, muy peculiar. He hecho muchas investigaciones. Nunca había hecho antes biografía y para abordar este trabajo me he ido a Barcelona, hice citas con ocho o nueve personas que habían vivido mucho con Pepe González… En la profesión le llamábamos Pepe, y la historieta se llamará Pepe, también. Y entre todos los entrevistados he grabado veintitantos casetes con todo tipo de datos. Y yo mismo me he sorprendido de la dimensión de este hombre, de Pepe González. Estoy trabajando con mucha pasión en esto, tratando de… Bueno, he tenido que transcribir las cintas, luego hacer una escaleta muy detallada para no perderme… He empezado a escribir el guión y creo que saldrá algo muy largo, que saldrán, calculo que pueden ser, alrededor de 200 páginas, quizá trabaje más de dos años en ello. No sé. No sé si lo terminaré, no sé si sabré hacerlo, no sé si económicamente podré vivir para poder hacerlo, no sé si alguien querrá editarlo… Lo que sí sé es que me levanto por la mañana, después de no haber dormido muy bien, porque me paso la noche pensando en lo que estoy haciendo, y el sentimiento que tengo es como el sentimiento cuando era jovencito y estaba enamorado. No puedo dormir porque estoy pensando en la chica que voy a ver mañana. Pues a mí me pasa un poco eso, y es una cosa de mí que me gusta mucho, y que digo “mientras que dure esto, todo va bien”.


Recordamos que Giménez ya llevó a González a sus páginas en Los Profesiones.


[A la viuda de Víctor de la Fuente] Durante una década o así, Víctor [de la Fuente] fue completamente olvidado. Desde mediados de los 80, cuando dejó de publicar Haggarth en la revista 1984, prácticamente desapareció de la escena española. Yo quería saber, aunque ahora estamos de enhorabuena, si alguna vez Víctor se sintió olvidado, ignorado por su país.

Bueno, con relación a España, tal vez sí, porque nosotros nos fuimos en los años 70 a Francia. Por lo que todos sabemos, por la dictadura de Franco y todo eso. Porque las cosas estaban mal, desde el punto de vista editorial y de reconocimiento de los derechos de autor y todas esas cosas. En Francia, cuando llegamos, el tenía ya unos contratos organizados con algunas editoriales. Pero, ¿qué pasó? Llegamos allí y la cuestión de la seguridad social, que se la habían prometido, pues no era como la habían pintado. Entonces Víctor dijo “no, no trabajo para los editores”. Y entonces optó por un trabajo que, muchos lo habéis leído, el llamaba “alimenticio”, una colaboración que hizo para Italia para poder subsistir. Y eso que los editores andaban detrás de él, porque con las obras que había publicado reconocían que tenía un talento extraordinario. Pero la cuestión de los derechos y de la seguridad social no se resolvía, y tardamos muchísimo tiempo, trabajando precisamente con una asociación periodística que poco a poco fue logrando que se reconociera que los autores, los dibujantes y los guionistas, tenían derecho a la seguridad social y que sus ingresos no deberían ser considerados como honorarios, porque eso significaba una 60, 70% o más para el fisco, sino que entraba en la categoría de [término en francés que no entendemos], unos trabajos que tenían una hoja de pago. Indudablemente, la situación fue mejorando, con un trabajo de colaboración. En eso, los franceses son dinámicos y van a buscar todas las formas de protección social y reconocimiento. Por ese motivo, Víctor fue aceptando contratos poco a poco, después de ese lapso de tiempo. Contratos con Hachette, con Dargaud, etcétera. Y luego vino Larousse. Eran trabajos muy importantes y tomaban muchísimo tiempo. Hacer un álbum de 48 páginas, ustedes se pueden imaginar lo que eso representa. Además, después de hacer esos trabajos, hizo Sunday, que son una cantidad fabulosa de páginas. Eso también, naturalmente, necesitaba muchísimo tiempo, y fue durante ese período de inestabilidad para los autores.

Pero poco a poco la situación se fue arreglando. Lo que no se arregló, yo diría casi hasta el final, es la cuestión de los derechos de autor. La devolución de los originales, la recuperación de los originales sin tener que recurrir a los tribunales. Todo eso es una gran complicación en la vida de un autor que desee por encima de todo defender sus derechos. No es fácil privarse, no es fácil decir “no”, pero Víctor tenía ese carácter y esa fuerza de voluntad, y superó muchas dificultades gracias a su tenacidad, a su esfuerzo. Y naturalmente, todos hemos tenido que apoyarlo porque él tenía la razón. Lo que estoy diciendo no vale solo para Víctor, sino que vale para todos. Lo que acabo de oír de parte de Carlos [Giménez] y de Purita [Campos], que hay dificultades, que hay problemas, que faltan editores… y los editores tienen muchísimo dinero, eso no cabe duda. Aquí, en Francia, en Alemania, donde sea. La gran dificultad es que el autor pueda decir “yo me conservo tales derechos”, o “quiero estos otros derechos”.  Casterman, por ejemplo, quería los derechos mundiales para Haggarth. Si Haggarth se hubiera publicado, Víctor hubiera sacado muchísimo dinero. ¿Qué pasó? Víctor dijo “no, solamente para la lengua francesa”. Y eso no le gustó a Casterman. Y ya está. Víctor dijo “no” y Casterman tampoco dijo “sí”. Ustedes se pueden figurar lo que significa para un dibujante esa lucha constante por el reconocimiento de sus derechos.