Paul en Quebec (Michel Rabagliati)


Paul en Quebec (Michel Rabagliati). Astiberri, 2013. Rústica con solapas. 17 x 24 cm. 192 págs. B/N. 18 €

El canadiense Michel Rabagliati es ya un viejo conocido por estos lares. Lo descubrimos en 2006 con Paul va a trabajar este verano y el volumen que nos ocupa, Paul en Quebec, hace ya su quinto libro publicado en España. Al igual que otros canadienses ilustres como Joe Matt o Chester Brown, Rabagliati se distingue por abordar la autobiografía en su obra, en su caso utilizando al personaje de Paul como alter ego. A diferencia de ellos, Rabagliati prefiere emplear un tono amable, incluso cuando los temas tratados sean dolorosos. Este aire de inocencia que desprende su obra no solo se debe a su negativa a cualquier atisbo de cinismo en su discurso, sino también en buena medida a un estilo de dibujo, heredero de la escuela francobelga pero pasado por el filtro del estudio UPA de animación y la caricatura de sus compatriotas Robert Laplame Y Albert Chartier (no me lo invento, lo confiesa él mismo). ¿Hemos dicho autobiografía? Él mismo prefiere calificar sus tebeos como auto-ficción, ya que aunque se alimentan de situaciones verídicas vividas por él mismo o por personas de su entorno, siempre deja espacio para introducir cualquier elemento ficticio que le sirva para especiar el relato. Pero quien haya leído otros libros del dibujante ya sabe de lo que estamos hablando. ¿Qué ofrece de nuevo Paul en Quebec?

Vaya por delante una confesión: acometí la lectura de este nuevo libro con muchos recelos. Su anterior novela gráfica, Paul va de pesca, me pareció lo peor de su producción, plagado de noñería y trucos fáciles para ganarse la simpatía del lector (impresión que, lo sé, no es compartida por muchos otros). Sin embargo, Paul en Quebec me ha parecido uno de los puntos álgidos en la carrera del canadiense, casi al nivel de la que para mí es su obra maestra, Paul va a trabajar este verano, recientemente reeditada. Todas las obras de Rabagliati comparten un elemento fundamental a nivel argumental, y es que en ellas se describe un momento de transición en la vida. En Paul va a trabajar este verano era el descubrimiento del amor y el rito de paso hacia la edad adulta, y en Paul en Quebec es la necesidad de afrontar la muerte de un ser querido, en este caso su suegro.



El argumento es simple: el padre de la mujer de Paul es diagnosticado con un cáncer terminal, y a lo largo del libro asistimos a sus tres últimos meses de vida, rodeado de su familia. Pero lo que podría haber sido un drama lacrimógeneno de haber seguido Rabagliati las pautas de Paul va de pesca, se revela como una historia triste y cercana pero no exenta de humor y esperanza. Cualquiera que haya vivido una situación similar en su familia se percatará de que el dibujante no ha querido cargar las tintas y ha obviado muchos trances muy dolorosos, haciendo equilibrios para no caer en una exhibición de dolor que podría haber resultado grotesca, patética o manipuladora. En este sentido, la portada es reveladora. Para entender el mensaje último del libro basta con ver la expresión entre nostálgica y esperanzada de Paul y relacionarla con el cementerio a sus pies y ese barco que se desplaza por las aguas en la dirección de su mirada.

Pero, ¿hemos dicho antes «manipuladora»? Maticemos pues, porque si algo consigue Rabagliati en este libro es manipular al lector a su antojo, aunque sea para bien. Lo hace fundamentándose en un guión cuya solidez reposa en los detalles y su dosificación, en un juego de scrabble, en una vela, en unos cuantos pitillos. Además, con una sencillez pasmosa, consigue escoger y capturar instantes aparentemente intrascendentes pero que por su verosimilitud resumen momentos de gran trascendencia emocional (pienso en el sencillo episodio de la página 130, en la que el enfermo pide agua). Rabagliati no se olvida tampoco de insuflar vida a sus personajes, dando prioridad al suegro de Paul y llenándolo de los suficientes matices como para que nos importe. Y por supuesto, partiendo de una estructura sencilla y muy legible, alterna escenas de alegría y tristeza, de reflexión y esparcimiento, como la misma vida hace con nosotros. Si a todo esto sumamos que a nivel de dibujo y de planificación Rabagliati está mejor que nunca, podemos hablar de una obra de una madurez narrativa extraordinaria que además posee alma y cumple con creces los dos objetivos fundamentales del dibujante: entretener y emocionar. Rabagliati, te aviso, has vuelto a poner el listón muy alto. Tu próximo tebeo no me pillará con la guardia baja.