Todo y nada (Sammy Harkham)

harkham

Todo y nada (Sammy Harkham). Fulgencio Pimentel, 2013. Rústica con sobrecubierta. 26,5 x 22 cm. 88 págs. Color. 19€

Tengo que admitir que a pesar de conocer y de haber leído de manera fugaz el trabajo de Sammy Harkham mi primera aproximación real la obra de este autor es a través de Todo y nada editado por Fulgencio Pimentel. La primera impresión al leer las historias que componen este volumen es que Harkham es un autor que no dejará indiferente a nadie, detrás de cierta pasividad que desprenden sus narraciones, contadas a través de un estilo clásico, se esconde un aura de provocación que busca poner al lector frente al autor y que este se plantee no solo las típicas preguntas de él qué y el cómo nos lo está contando, sino que nos planteemos como es la persona/autor que nos está contando esas historias, de manera que, ¿qué o quién es ese autor llamado Sammy Harkham?

En respuesta a esa pregunta me gustaría conceptualizar algunas ideas que me han venido a la cabeza tras la lectura de este volumen. En primer lugar: Sammy Harkham es un iconoclasta. Se salta cualquier idea preconcebida que podamos tener sobre lo que estamos leyendo, y el primer aviso de eso es “¡Napoleón!”, la primera historia de Todo y nada,  en esta se nos marca las coordenadas de lo que nos vamos a encontrar a continuación. Para Arkham, Napoleón, aparte del militar, es una persona obsesionada por los detalles en sus tebeos. Dicha fascinación por los detalles se hace eco en la precisión y la capacidad conmover que el propio autor despliega página tras página.

Tras esa primera advertencia estamos a merced de Harkham y de unas historias que van a estar lejos de todo lo esperable; algunas de ellas acaban en el climax de la misma o son microhistorias que tienen más en común entre ellas de lo que podría parecer en un primer momento. En ese manejo de la iconoclastia desdibuja los lugares comunes en pos de la creación de un espacio propio como sucede en el caso de “Dejalo estar”. Historia en la que dos agentes federales persiguen a una famosa traficante que en esencia parece más una cantante country en un concurso de una feria tejana que una mafiosa, y lo mismo sucede con los perseguidores, estos sí con el atuendo que les corresponde pero con intenciones muy diferentes a lo que se podría esperar de este (al menos en uno de ellos). En “Somersaulting” sucede lo mismo pero evitando los lugares comunes del amor adolescente esbozando una historia de amor desacelerada y desapasionada, hasta el punto que por la dejadez de los personajes parece que estamos hablando de cualquier cosa menos de un romance. Harkham plantea un microuniverso sin adultos, que están en off, aunque quizás con ese tipo de adolescentes no haga falta que estos existan.

En segundo lugar: Sammy Harkham es narración. O lo que es lo mismo tiene la capacidad narrar con pocos recursos y crear historias plenas aunque solo tengan 4 viñetas. Por ejemplo, lo podemos ver en historias de tan solo una viñetas o como mucho una página como es el caso de “Soy feliz cada instante de cada día” protagonizada por John Merrick o “Golem Comics”, o en el caso contrario “Pobre marinero” basada en un relato de Maupassant (editada anteriormente por Apa Apa pero repaginada para la ocasión por el mismo autor) o el relato gótico de “Un marido y una mujer”, la primera con texto y la segunda muda. El trazo de Harkham es sencillo y desgarbado y se convierte en el único apoyo que necesita este autor para esbozar una serie de historias complejas que se acentúan con su estilo gráfico.

sammy_harkhamEn “Pobre marinero” nos encontramos con un desarrollo gráfico impresionante apoyado por los textos justos y necesarios. Esa es otra de las virtudes de Harkham, el no abusar de la palabra escrita ni de textos que repitan lo visto en el dibujo. Es el caso de “Un marido y una mujer”, historia muda sobre la descomposición de un matrimonio de clase alta llevada hasta las últimas consecuencias, de manera que lo visual y sencillo de la narración en imágenes hacen que hablemos más que de excelencia de lo sublime.

Y por supuesto, Sammy Harkham es cómic. Por dentro y por fuera, empezando por “¡Napoleón!” pasando por las historias comentadas anteriormente y acabando por “The End” (título de la última historia). Digo que es cómic por como integra su propio yo en la historias que nos cuenta, por como habla del mundillo, quitándole hierro a esa aura de autor que muchas veces ponemos a los creadores, para llevarlos a la tierra y convertirse él y otro autores en personajes de sus cómics. Hasta cierto punto crea historias sobre la profesión en forma de cotilleo con chistes privados y se permite hacerlos públicos, y en parte no importa si los entendemos o no. Esa es, en parte la esencia de este autor, dejarnos con la boca abierta y con ganas de más en cada historia.

En estos casos el autor y su vida es otro de los temas, aunque como ya he dicho disfrazado de pequeño chiste. Sin embargo, en “Luvabitch, Ucrania, 1876” Harkham se transfigura y se traslada el mismo al pasado para narrarnos una historia de costumbrismo rural en una comunidad judaica, en la que se dedica a escribir Mezuzah (rollos de papiro religioso), una labor creativa al igual que su alter ego en el presente.

Todo y nada es uno de los títulos imprescindibles de este año. Pero por encima de todo el trabajo de Sammy Harkham es altamente recomendable por intenso, divertido y sorprendente a pesar de que un primer vistazo pueda no parecerlo. A eso hay que sumarle la excelente edición de Fulgencio Pimentel, que incluye quince páginas inéditas que no fueron incluidas en la edición original y cuenta con una portada realizada en exclusiva para la edición española.