Time Killers (Kazue Kato)

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Time Killers (Kazue Kato). Norma, 2013. Rústica con solapas. 17,5 x 11,5 cm. 236 págs. B/N con páginas a color. 8,50 €

Es un error en cualquier medio guiarse por lo que el mainstream ha entronizado como obra maestra, pero también es erróneo negar la posibilidad de acierto contenido dentro del mismo. Si bien Ataque a los titanes es una porquería, Death Note era inusualmente inteligente; quizás Eiichirō Oda perdió el norte hace mucho tiempo, pero es justo devorar con ansia todo lo que salga de la pluma de Urasawa. El prejuicio sostenido en el tiempo es un error de juicio. Por eso cuando hablamos de cómic, o de cualquier otra cosa, sería un error obviar las obras de aquellos que han estado más próximos al éxito comercial por ser algo que, sólo en tiempos recientes, ha adquirido una connotación negativa: comercial.

Kazue Kato es una mangaka excepcional no sólo por ser mujer, algo poco común dentro del manga, sino por su éxito comercial: aunque no ha alcanzado los niveles de Naruto o One Piece, Blue Exorcist tiene un éxito que podríamos calificar como rotundo. Como las dos citadas, tampoco sería interesarse sumergirse en ella a causa de su incapacidad para desmarcarse de los vicios más soporíferos del shōnen que cultiva. ¿Por qué traerla a coalición entonces? Porque su éxito ha permitido que aterrice en las estanterías españolas un tomo recopilatorio de sus historias cortas, tanto los one shots auto-conclusivos como aquellos que fueron ideas que se usaron para medir el interés del público ante la posibilidad de serializarlos —debido a lo particular de la producción editorial del manga, sería necesario un artículo aparte para abordar el tema con la profundidad que merece—, que nos permiten calibrar el auténtico genio de una mangaka de éxito. O, al menos, comprobar a qué renuncia el dibujante medio para conseguir el éxito.

Como en toda obra de historias breves, y como se repite en toda crítica sobre cualesquiera libro de esta clase, el conjunto es irregular. Ésto sólo es reseñable en la medida en que su irregularidad hace una elipsis bastante excepcional en su desarrollo: sus primeras obras cortas se parecen en fondo, forma y desarrollo a sus últimas obras. Excepcional, porque sólo encontramos un hábito experimental en las historias centrales. Por eso «Yo y el conejo» o «Tomates» transcurren como perfectos ejercicios de estilo que sólo se alejan de «Hoshiota» o «El incidente de la mansión de Uguisu Miyama» en que estos últimos tienen una evidente mejoría en el dibujo; en lo demás, son un ejercicio genérico de shōnen donde el desencuentro entre dos personajes protagonistas que no terminan de entenderse, pero se complementan en sus motivaciones, les conduce hacia una búsqueda donde se nos permite intuir un futuro peligroso envuelto en un pasado misterioso. Nada nuevo bajo el sol, desde luego.

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Antes de afirmar que leer ésto ha sido una pérdida de tiempo, tanto la obra como este texto, fijémonos en las obras centrales. Allí nos encontramos una Kazue Kato que no parece la misma autora que los interesantes, pero carentes de pasión, ejercicios de estilo creados en búsqueda de la aprobación de un público de gustos predecibles; cuando experimenta quizás no encuentre un público masivo, pero encuentra aciertos sugerentes. Su uso del color que puede recordar a un estilo cartoon de tonos apagados, algo bastante alejado del uso que se suele hacer de éste, acompaña unas historias que pueden ir desde la brillantez poética, «Historia de un guerrero nacido en la Tierra Roja», hasta un humor tontorrón de tintes meta-, «USA Boy!», pasando por el chiste tan imaginativo como imbécil, «Guía de vestuario de una princesa».

El resto de historias del tomo nos demuestran que la mangaka, cuando se sienta ante el papel, tiene dos medidas posibles: un atisbo poético, de tonos mistéricos, que evoca en nosotros mundos posibles de una tan esplendorosa como irreal belleza en apenas sí un puñado de páginas («Nirai», «La plegaria de la muchacha») o historias pseudo shōnen donde prima la imaginación con una idea potente, siempre bordeando el ámbito humorístico, que tiene poca posible explotación más allá del one shot («Una estrella rezagada en el camino de la vida», «El amo y yo») —esto no tanto porque no tengan posible salida, que la tienen, como que las obras humorísticas en el manga se consideran poco comerciales y enfocadas, particularmente, al público infantil—.

Time Killers es un conjunto interesante, incluso cuando su autora llama a sus obras pasatiempos en tanto las considera demasiado primerizas, apenas sí llegando a los estándares mínimos de calidad para aparecer en una revista de manga. Con la excepción del one shot de Blue Exorcist: «con éste dice que «dejé de dibujar lo que quería para dibujar lo que el público quiere». Una lectura atenta del tomo nos deja con la sensación de estar ante una autora irregular, aunque tampoco podamos decir que exista algún autor que no lo sea, demasiado apegada a la necesidad de conseguir el éxito comercial como para explotar una vena artística que ha demostrado tener; o incluso, en otro nivel, una obra enfocada hacia el humor donde se permitiera explorar algunas de las ideas que aquí iba explorando con cierta gracia. En cualquier caso, al final del tomo la autora lo admite: la parte más innovadora de sus historias se produjeron por una sencilla razón: «en la Kikan Ace casi no pasaba la revisión del editor, así que dibujaba lo que me apetecía. En cualquier obra que dibujaba, me sumergía completamente en su mundo»; sus obras más comerciales, más pensadas para vender, están exentas de la chispa vital que se intuye en sus experimentos. Fallidos, pero más vivos que sus aciertos.

Hacer una obra comercial no tiene por qué ser algo malo per sé, el problema es cuando el artista no sabe aunar su propia experiencia interior con los cánones a través de los cuales puede escribir una historia atractiva para el público. Porque en último término, debe intentar vivir de su obra. Por eso Time Killer más que el prólogo de una mangaka interesante parece más el epitafio de una joven dibujante que, ante el rumor del oleaje nacido del mar del éxito, decidió dejar de intentar con todas sus fuerzas aunar lo artístico con lo comercial para poder encontrar esa obra única que sólo ella podría habernos dado. Una conclusión lastimera para un recopilatorio interesante.