Bride Stories 1 (Kaoru Mori)

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Bride Stories 1 (Kaoru Mori). Normal Editorial, 2013. Rústica con solapas. 11,5 x 17,5 cm. 192 págs. B/N. 8 €


Aunque en ocasiones no lo parezca, porque el refrito y la nostalgia son nuestra moneda de cambio, no existe ningún límite razonable sobre la clase de historias que pueden ser contadas. Bien es cierto que toda historia al final se resume dentro de alguno de los grandes contenedores que llamamos géneros, o en una hibridación más o menos natural de una cantidad cualesquiera de éstos, los límites de lo que es susceptible de ser contado es potencialmente ilimitado. Si existe algo así como una cierta condición ineludible sobre las historias, es que éstas no pueden ser sólo la narración o retrato de un determinado momento histórico o personaje, sino que también tienen que decirnos algo sobre nuestras propias vidas; una narración que no nos interpela, que no nos deja proyectarnos dentro de sí, no es historia, es anécdota. Cuando no hay nada que asimilar, cuando estamos ante nada más que curiosidades que pueden entretenernos o generarnos curiosidad pero no dejarnos poso alguno —algo que tiene una consecuencia inmediata bastante obvia: rara vez se recuerda con el tiempo algo meramente entretenido, sin fondo—, no podemos estar ante una buena historia. Ni ante una historia en absoluto.

Lo fascinantes de las obras de Kaoru Mori es el proceso de ductilidad que se da en ellas: consigue modelar con facilidad materiales nobles y difíciles, siempre bordeando el límite de la anécdota y la curiosidad, para dar forma un conjunto que vaya más allá del señalar la curiosidad. Su invariable método a aplicar, desde su primer manga, Emma, un manga de culto sobre una criada inglesa de la época victoriana, consiste en elaborar intrincadas obras de corte realista donde recrea entornos del pasado reciente de lugares relativamente exóticos —aunque parezca lo contrario, no es un contrasentido: si bien para nosotros la Inglaterra victoriana es relativamente familiar, para los japoneses es un periodo y estética completamente ajeno de su conocimiento mundano— poniendo como motor del conflicto historias de amor romántico que desafían los preceptos sociales del espacio-tiempo determinado donde transcurre la historia. Lo único que cambia en el proceso son los materiales; entonces la Inglaterra victoriana, ahora en la Ásia central túrquica. Con este modelo tan sencillo, donde sólo necesita cambiar la ambientación pero no el motor de la historia —una historia de amor conflictiva según el contexto—, ha conseguido hacer de su nuevo manga otro gran éxito de culto.

Afirmar que su triunfo se ha dado por un método que se ha demostrado tan personal como efectivo, sería hacer de menos a una de las mangakas más interesantes del momento. También tiene mucho que ver en ello sus dotes como dibujante y no sólo como guionista. El dibujo de Kaoru Mori es minucioso y detallista, lo cual ayuda a reforzar nuestra introducción dentro del contexto de la historia: la representación de las formas y costumbres de los pueblos que retrata se nos da a través de un trazo minucioso, lleno de detalle, que dota tanto de belleza como de verismo al conjunto.

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¿En que contexto nos sumerge entonces en el primer volumen de Bride Stories? Uno que, en cualquier caso, nos resulta tan poco familiar a los occidentales como a los japoneses: un pueblo de etnia turca, que no turco, patrilocal, donde es costumbre que la esposa se mude a la casa del marido después de casarse, que se nos presenta a través de la introducción de un elemento exógeno dentro de su cultura: la mujer de uno de los hijos del patriarca local que es, además de la protagonista, de un pueblo nómada vecino. Con trazo minucioso nos retrata desde sus comidas hasta sus formas de caza, pasando por los vestidos y la orfebrería —siendo en estos dos casos donde el amor por el detalle de la mangaka se torna hacia lo obsesivo, ya que cada pieza tiene la intrincada prolijidad de la cual hacen gala los objetos representados—, o las propias costumbres del lugar. Éstas no quedan desarrolladas con monólogos sin sentido o con notas al pie que cortan el fluir natural de las viñetas, sino a través de lo que es más propicio en su contexto: las explicaciones que exigen, o al menos se dan, tanto a los niños como a la protagonista.

Ésto último tiene un particular interés en la obra por el hincapié que se hace sobre los niños, haciendo un hincapié especial en la pareja protagonista; tanto el mayor de los niños y ya marido co-protagonista, de doce años, y la protagonista, de veinte años, pero que es tratada como si fuera aún ajena del mundo adulto, son el grado cero a través de la cual se unen forma y fondo de un modo natural. No hay sobrexplicaciones, sólo aquellas que necesitarían unos personajes tan ajenos a priori como nosotros de la cultura. Por eso detrás de la esplendorosa belleza del retrato de una sociedad desconocida, también se nos ofrece una intrincada historia de amor y de conflicto: desde las dificultades del paso de la infancia hasta la edad adulta pasando por la dificultad de integrarse en una cultura ajena, y los obvios paralelismos entre estos dos hechos, hasta el carácter edípico de una relación cuya diferencia de edad es motivo de controversia, la mangaka no duda en lanzar cabos desde el minuto uno. Lo interesante es que lo hace con sutileza, sin abotargar la historia, dándonos un conjunto de lectura ligera con un fondo que deja poso, porque de ligero sólo tiene la apariencia.

Con la diferencia de edad y cultura, el ambiente siempre está encendido, auspiciando la posibilidad de estallar el conflicto a cada instante; el hecho de que, además, la familia de ella afirme haber cometido un error al haber permitido ese matrimonio, el cual sólo se considerara consumado con el nacimiento de un hijo, sepulta hondas raíces de confrontación al desarrollar y llevar hasta el paroxismo esas fricciones que tanto y tan bien asienta en apenas si doscientas páginas. Por eso, lejos de una anécdota, Bride Stories nos promete una historia diferente que lo tiene todo para crecer fuerte como la obra de culto que ya promete ser desde su más tierno principio.