FIRMADO MR. J (XV) Todo lo que necesitas es amor

portada el quinto beatle


Confieso que no me gustan las etiquetas, pero hay una que me aplico desde que tengo uso de razón: beatlemaniaco. Me he pasado la vida gastando los discos de los Beatles, comenzando por el casete de Let It Be de mis padres, que pintarrajeé siendo apenas un mocoso. Años más tarde, al inicio de mi adolescencia, me grabaron un disco recopilatorio del cuarteto de Liverpool, 20 éxitos de oro, y aquello fue lo más parecido a una epifanía. No he dejado de escucharlos regularmente desde entonces.

Sí, soy beatlemaniaco, sea cual sea el significado exacto de la palabra, aunque he tenido fases de mayor o menor manía. Claro está que me sé de memoria la letra de las canciones –mi favorita es “Dear Prudence”–, pero no soy de los que coleccionan objetos de los Beatles, ni estoy a la última. De hecho, ni siquiera tengo todos sus elepés –me refiero a los vinilos–, algunos discos los tengo en cinta y solo he comprado un par de cedés: una bonita edición del disco blanco y poco más. Las cosas como son: soy un beatlemaniaco perezoso, más de impulso que metódico. El caso es que llevaba tiempo sin tener noticias de estos viejos amigos, y cuando supe de la edición de la novela gráfica El quinto Beatle. La historia de Brian Epstein me entraron ganas de saludarlos, aunque fuese brevemente, así que me hice con el libro. Del guionista, Vivek J. Tiwary, no sabía nada y al dibujante Andrew C. Robinson lo he visto poco, alguna portada que otra y unas paginillas sueltas en Starman, aunque Kyle Baker sí es una debilidad que tengo. Comencé a ojearlo con más afecto que interés, y unos minutos después estaba totalmente enganchado, absorbido en la lectura de una biografía compleja y encantadora.

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El quinto Beatle narra con precisión quirúrgica y envidiable pulso narrativo, la creación del fenómeno beatle por parte de su mánager y descubridor, el visionario Brian Epstein, un soñador que elevó a universal el sencillo mensaje de amor de aquel grupo de chavales con carisma. El trabajo de Tiwary es ejemplar, no en vano se trata de uno de los grandes especialistas en la figura de Epstein, al que ha investigado durante más de dos décadas. Pero lejos de perderse en una profusión de datos, el escritor construye un relato amenísimo que conjuga elementos personales y profesionales para mostrar el triunfo y el drama de la vida del joven empresario, muerto en dolorosa soledad con apenas 32 años. Por su parte, Robinson y Baker proponen una interpretación visual tan hipnótica como fascinante, con un ritmo constante que logra que el lector olvide que sostiene un cómic en las manos y acabe sumergido de lleno en su contenido.

Por si fuera poco, el gran formato y la encuadernación de la edición de Panini son dos bonitos aspectos que aumentan el gozo de la lectura. A ello hay que sumar las casi treinta páginas de material extra: comentarios, dibujos, bocetos, fragmentos del guion, documentación, etcétera. En fin, he comenzando confesando mi condición de beatlemaniaco, pero no dejen que eso les engañe, El quinto Beatle es un cómic admirable.