Blackface Banjo (Frantz Duchazeau)

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Blackface Banjo (Frantz Duchazeau). Spaceman Books, 2014. Cartoné, 22 x 29 cm. 144 págs. B/N 22€

El mundo de los homeless, los desposeídos, tiene un atractivo para los creadores de ficciones. Son historias que surgen de las grandes posibilidades que ofrece la realidad, si nos remontamos al principio del cómic como medio de masas, tampoco nos olvidemos de Charlot en el cine como el vagabundo por excelencia, y nos encontramos con un repertorio de personajes que encarnan a un prototipo que bordea la tragedia, lo épico y lo cómico. Mis dos favoritos son Happy Hooligan de Frederick Burr Opper y Barón Bean de George Herriman, dos personajes caracterizados por el optimismo y por cierta flema que les impedía caer en el desaliento y seguir con una vida basada en la búsqueda de una vida mejor. Algo totalmente alejado de ese anacoreta pretendido de Diario de una desaparición de Hideo Azuma.

Dejando de lado la última obra, mencionada como una curiosidad, el protagonista de Blackface Banjo podría pertenecer a esa galería de personajes desafortunados pero que en realidad no les va tan mal de principios del s. XX. Sin embargo, el trasfondo mostrado es un tanto diferente: mientras que en aquellas obras estos personajes eran mostrados a modo de chanza pero siempre existía un pequeño espacio para mostrar la realidad social del momento en tiempo presente a modo de crónica; el protagonista de esta obra es mostrado desde una perspectiva diferente y con gran riqueza contextual. Se nos presenta un mundo plagado de showmans itinerantes, caravanas, vendedores de brebajes milagrosos, falsos negros, en el que se aprovecha lo icónico de todos esto dejando al público en segundo plano y centrándose en los actores principales, aquellos que se movían entre bambalinas para provocar una sonrisa a base de desprestigiar a terceros.

Blackface es un tipo desafortunado que pasa hambre que es reclutado por lo que hoy día podríamos denominar como promotor de shows, pero de un tipo de espectáculo muy especial: los minstrel. Estos consistían en caravanas que viajaban por el sur de los Estados Unidos en el que viajaban unos artistas que se pintaban la cara y se “disfrazaban” para aparentar ser afroamericanos de la época y burlarse de ellos; se trataba de un show de blancos para blancos. En ese ambiente opresivo en el que el mero hecho de pertenecer a una raza concreta era un motivo para jactarse, Blackface encuentra su talento tocando el banjo hasta el punto de convertirse en el artista principal de esa caravana.

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Llegados a la parte musical, podríamos incluirla como parte de la cuadrilogía que Frantz Duchazeau dedica a la música estadounidense, si El sueño de Meteor Slim y Lomax giran en torno al blues y Los gemelos de Conoco Station al country, Blakface Banjo lo hace con el ragtime. El relato se asienta en una serie de personajes muy iconográficos que van desde el propio Blackface, Big Snake Mojo, un indio nativo que cuando habla sentencia, el vendedor de brebajes, y los extravagantes hermanos Tuxedo, responsables de causar el caos allá por donde pasan.

Aunque quizás el aspecto más sobresaliente es la utilización de lo gráfico por encima de lo textual en los globos de los diálogos, dejando al texto cierta apertura a la interpretación que va en consonancia con lo abierto de un texto con saltos narrativos que se plasman en un final que no acaba de cerrar la historia. Y también con una estética del looner perdedor al igual que los títulos a los que hacia referencia al inicio de la entrada. La obra en general se salda con un buen resultado que se basa en la presentación de un universo contextual reconocible de personajes bien construidos, una estética muy marcada, un toque desesperanza carente de lectura moralista y un buen sentido de la narración. Un trabajo divertido que da mucho juego y que gustará mucho a aquellos lectores del cómic de principios del s. XX.