Chof! Cómics 2 (José Tomás)

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Chof! Cómics 2 (José Tomás). Autsaider Cómics, 2015. Rústica. 52 págs. B/N. 6,5 €

Hay algo en la obra de José Tomás que lo emparenta con la tradición más antigua del cómic: el dibujo casi espontáneo, el garabato, la viñeta absurda, donde el gag parte del dibujo. Lo encontramos desde Rudolph Töpffer, por supuesto, pero es una constante en la historia del medio. Esta celebración del dibujo como motor narrativo básico pone en entredicho aquellas teorías que consideran al cómic un subgénero literario.

Leyendo el Chof! Cómics no puedo dejar de pensar que el dibujo tiene sus propias reglas. Y que el dibujo gracioso, esa magia inmediata que sólo aporta el trazo del lápiz, es más difícil de lo que parece. Tiene que haber detrás una idea, pero tiene que ser una idea gráfica, algo que sólo pueda plasmarse visualmente. José Tomás tiene ideas. Ideas locas, escatológicas, simples, punch lines del dibujo que entremezcla con tiras de chistes básicos y clásicos, contados con algo que sólo puedo definir como candor. Y eso incluso aunque sus viñetas están llenas de cacas, pollas y vómitos. Está todo dibujo de tal forma que me resulta imposible sentirme ofendido o pensar en este humor como algo políticamente incorrecto. Son monigotes divertidos, dibujos, no personas reales, ni siquiera personajes, y por eso el límite de lo que puedes hacer con ellos es mucho más amplio. Es algo similar a lo que sucedía con el fanzine Adobo.

Una de mis viñetas favoritas muestra a un hombre cuyo enorme pene termina en una cabeza de mujer que está a su vez chupando la polla de otro hombre, que dice: «Esto es un poco raro, ¿no?». Que uno de los personajes subraye lo extraño de ese dibujo imposible es el mecanismo del humor definitivo.

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También hay páginas de historieta más elaboradas, protagonizadas por personajes que parecen recurrentes pero no lo son en realidad, aunque las cabeceras de estas historias parezcan las de series que tendrán continuidad: «Linda Hogan, la hija de Hulk Hogan», «Los raperos», etc. José Tomás tiene además una vena lírica extraña, muy rara de ver en el cómic español actual, que tiene que ver con el absurdo más puro, con la idea surrealista que se enuncia y se deja en el aire, sin chiste: «Dios fumando un cigarrillo electrónico», «Cuando mueres, la luz que ves al final del túnel… es un Gusiluz». Poesía pura. Y no se detiene ahí, sino que, como quien no quiere la cosa, introduce juegos metalingüísticos muy interesantes, aunque los disfrace de gamberrada.

Al leer las páginas de Chof! Cómics uno recupera el placer de disfrutar con la tontería sin dobleces; dos personajes frente a frente, uno cuenta un chiste, el otro cae en el equívoco y se desploma de espaldas. Pero, al mismo tiempo, aunque sea de un modo menos elaborado, estamos ante una pieza más de esa tradición del dibujo absurdo de la que hablaba al principio, una estirpe cuyos últimos miembros la pasan por el filtro sucio del underground: Cowboy Henk y Submundos, por ejemplo, curiosamente ambos editados también por Autsaider.

En el fondo es complicado conseguir que un montón de viñetas de suicidios, drogas y felaciones las leamos no ya con sonrisas, sino casi con candor. Otra cosa es que parezca fácil porque José Tomás lo revista todo de una apariencia casi humilde. Pero hay mucha más tela que cortar de lo que parece por debajo.