Doble sentido (Niklas Asker)

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Doble sentido (Niklas Asker). Sapristi, 2015. Rústica con solapas. 16,5 x 21,5 cm. 88 págs. B/N. 15,90 €

Como dice acertadamente la cita de Fredrik Strömberg situada en las guardas de Doble sentido, su autor, Niklas Asker, está «en el centro de la nueva cultura trasnacional del cómic». Lo que tal vez sea lo mismo que decir que se encuentra inserto en la corriente más ortodoxa de la novela gráfica. Para empezar, proviene de Suecia, un país con poca tradición de cómic industrial, pero además es un artista que se dedica principalmente a la ilustración y que llegó al cómic tarde —31 años— y que debutó directamente con esta novela gráfica, sin foguearse en las revistas. Pese a lo cual encontramos un trabajo bastante maduro ya. Asker sorprende porque actualiza sus referentes, el indie americano de los años 90 —que quizás en 2010 aún estaban más vigentes que en 2015—, más próximo al realismo estilizado de un Adrian Tomine que al cartoon de Daniel Clowes. Emplea un blanco y negro sin sorpresas, y su trazo es preciso y limpio, aunque el uso del pincel le proporciona una irregularidad que transmite la espontaneidad que necesita este tipo de historia, cercana al slice of life, pero con su propia personalidad y discurso. No es un cómic de los años 90, sino de su tiempo. Asker además adopta un modelo narrativo transparente, sin alardes, casi diría que ejecutado con humildad, alejado del grafismo más rompedor de algunos de sus contemporáneos.

Se pone claramente al servicio de una historia que transcurre con una contención emocional muy bien medida, —casi me siento tentado de escribir «muy nórdica»—, y que plantea un juego entre realidad y ficción interesante, apoyado en las historias personales de Jess, una escritora, y John, un fotógrafo profesional, que se cruzan en un aeropuerto brevemente. Tras ese encuentro, Jess supera un bloqueo creativo y es capaz de avanzar en la novela que tenía entre manos, imaginando la historia personal de John y el motivo por el que, en sus propias palabras, estuviera huyendo de Londres. Por eso en realidad estas dos tramas podrían ser tres: la historia de Jess y su relación de pareja, la trama del John real, apenas atisbada, tal vez, en la parte final de la obra, y la trama del John que imagina Jess. Pero la ausencia de subrayados y la inteligencia de Asker manejan este peligroso artefacto —por la alta probabilidad de que estalle en las narices del autor— con extrema sutileza. Tanta, que de hecho hay que prestar mucha atención, e incluso así no son pocas las cuestiones que están abiertas a la interpretación del lector.

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Hay elementos muy estudiados, que evidencian el cuidado de Asker. Por ejemplo, que la pareja de John es una estrella de rock estadounidense, como la de Jess, y ambas comparten el mismo tatuaje en forma de estrella en el hombro. Muchas de las secuencias de John comiezan a continuación de una viñeta en la que Jess estaba empezando a escribir; algunas de esas secuencias se desarrollan sobre páginas negras, tal vez otra pista para el lector atento. Pero lo interesante, más allá de los recursos concretos empleados, es el efecto de indeterminación que consiguen. No podemos estar nunca seguros del todo de qué sucede en la vida de John tras el momento —que podemos certificar como real— en el que se cruza con la escritora en el aeropuerto. ¿Huía por los mismos motivos que su sosias literario? ¿Qué supone para el John real, que reaparece en la parte final de Doble sentido, leer una novela que sabe inspirada por aquel encuentro? O acaso lo que hemos leído como ficción literaria se corresponde punto por punto con la vida real de John? ¿Y en qué momentos estamos en la realidad de John o en el relato que Jess escribe sobre él? ¿Importa, en realidad, si en el fondo ambas son ficciones? Esa reflexión llega como tienen que llegar las reflexiones verdaderamente importantes: contenida implícitamente en la lectura, sin que la obra nos la ponga delante de las narices.

La contención y la inteligencia de esta novela gráfica me han resultado propias de un autor muy hábil. Tal vez un poco frío, eso es cierto, pero autores más melodramáticos o emotivos los hay a patadas; se echan en falta relatos que versen sobre los sentimientos y la gestión de las relaciones —que es el tema en primer plano, el que se superpone al juego realidad / ficción— sin largos monólogos afectados y sin los énfasis gráficos y expresivos que a veces uno se encuentra, tal vez para evitar que el relato costumbrista sea, en lo visual, demasiado plano. Doble sentido no necesita ese tipo de recursos, porque parte de una idea muy clara por parte de Niklas Asker que sostiene el invento sin fiarlo todo al costumbrismo o a los personajes. Ha sido una grata sorpresa y espero que no sea la última obra de Asker que veamos en España.