Ceniza (Serena Schinaia)

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Ceniza (Serena Schinaia). Ediciones Valientes, 2016. Rústica. A4. 20 págs. Bitono. 4 €

Serena Schinaia es una joven artista multidisciplinar originaria de Italia, a quien no conocía previamente y que acaba de publicar en Ediciones Valientes Ceniza, un cómic hermético y magnético.

Ceniza es un cuaderno de gran formato, que permite apreciar con justicia el trabajo gráfico de Schinaia, basado en las masas de color —un bitono azul y gris— y en una economía de líneas que, sin embargo, captura movimientos y expresiones con precisión casi fotográfica.

El bitono frío contrasta violentamente con la ambientación veraniega: es un recurso interesante. Me refiero a que, normalmente, los cómics ambientados en verano emplean el color para transmitir el agobio del calor sofocante, mediante colores cálidos. Sin embargo, Ceniza genera una sensación contradictoria en el lector, esencial para llevarlo a un estado de ánimo alejado del habitual en este tipo de narraciones. Hay cierto distanciamiento emocional en el ambiente, en las amplias masas de cielos grises —el formato grande es en esto capital— y en las viñetas sin personajes humanos —el mercado, las calles vacías por el calor insoportable—. Por supuesto, todo esto refuerza la sensación fría de los textos, concisos y escasos, distribuidos de forma estudiada para apuntalar las emociones que transmite Ceniza, mucho más importantes que el argumento, conscientemente mínimo.

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De Schinaia me ha gustado, sobre todo, su dominio de los silencios, los volúmenes y los espacios vacíos, con los que construye un misterio en torno a una futura partida, situada en un pueblo costero italiano, que remite a otra anterior, la del padre. Aunque, claro, tampoco llegamos a saber nunca qué ha pasado aquí. No importa: Ceniza va de otra cosa. De la ausencia, de la sensación de apatía y de la incógnita construida en la elipsis y en la información ocultada más que en la expuesta. El dibujo de Schinaia, que recuerda lejanamente al del último Martín López Lam —o al menos a uno de sus muchos registros—, me ha resultado fascinante. Decir que puedes perderte en sus viñetas es un lugar común a evitar en la crítica, pero lo cierto es que ejercen una atracción infrecuente, que invitan a la contemplación y dejarse devorar por sus colores.